Somos madres…

El día de la madre… un día para reconocernos a nosotras mismas en esta etapa que muchas veces nadie te contó cómo sería. Y sí, muchas veces siento que el ser mamá así como su festejo, está muy romantizado, porque te muestran solo el lado dulce, el lado bonito de la maternidad.  Y no quiere decir que eso no lo valga, ¡obviamente si!, porque es una etapa maravillosa que no acaba y una decisión personal para serlo.

Hoy te hablo desde mi experiencia. Soy mamá de una extraordinaria niña de 7 años y a la par soy fundadora de la marca, y muchas veces me resulta complicado cómo gestionar mi tiempo profesional sin dejar de lado el cuidado de mi hija, no sé… pero… si tú eres mamá… ¿te ha pasado lo mismo?  

A lo largo de este camino, he experimentado subidas y bajadas. Desde el lado emocional porque dejé de ser la mujer que era antes de ser madre y es un duelo que muchas no lo hablan o no lo aceptan, porque cambia todo en tu vida, desde tu desarrollo profesional, relación de pareja (sí, porque la crianza te pone a prueba), tus horas de sueño, el día a día; porque cuidas de manera integral y lleno de amor a ese ser o seres que han llegado a este mundo… tus hijos.  Y es así como comenzó una nueva vida, una nueva yo, que se ha reinventado para darle lo mejor en lo físico, emocional y espiritual a mi hija. Hoy por hoy, no imagino mi vida sin mi adorada hija.

Una realidad es que no nacemos sabiendo ser madres, sino lo vamos aprendiendo a lo largo del camino y ¡somos humanas!, nos equivocamos (no te culpes por eso, aprende de eso), nos cansamos y en ocasiones nuestra paciencia llega al límite, pero aquí lo importante es hacer consciencia de esto. Y preguntarnos a nosotras mismas sobre el por qué de nuestra manera de actuar y reaccionar con nuestros hijos; ver más allá de nuestros deseos, es decir, reconocer nuestras propias heridas que tenemos desde la infancia para sanarlas y así crear nuestra mejor versión o estar más estables emocionalmente.  Porque no sé si te has dado cuenta, si como mamá nos estresamos nuestros hijos se estresan, si hay ansiedad ellos también lo resienten. Y no se trata de reprimir nuestras emociones y pensar que todo  está bien, sino sentirlas y detectar su raíz para poderlas trabajar de la manera más empática y amorosamente hacia nuestra familia.  ¿Y cómo lograrlo? Sin duda con ayuda de un profesional en la salud mental.

Recordemos que no somos perfectas y nuestros hijos no necesitan tener madres perfectas, sino madres felices consigo mismas, pero ojo, no me refiero a estar siempre de buenas o de buen humor o riendo, sino sentirnos aceptadas, valoradas y plenas con nosotras mismas.  Para poder cuidar de otros, lo primero que tenemos que hacer es cuidarnos y estar en paz con nosotras mismas.  No hay que olvidar que antes de ser mamás somos mujeres con proyectos de vida y anhelos, somos hijas, somos hermanas, amigas, pareja… y jamás debemos abandonarnos, porque el amor empieza por uno mismo.

Sé que siempre llevaremos en nuestra mente la imagen de nuestros hijos cuando los vimos por primera vez y ese vínculo maravilloso que se va formando desde el embarazo hasta la fecha de hoy.  Ten en cuenta que nuestros hijos se quedarán con el cómo los hacemos e hicimos sentir ante la vida, el tiempo de calidad que pasamos con ellos,  entenderlos, comprenderlos y sobre todo el conectar realmente con ellos.

Hoy abrázate… Agradécete por  todo lo aprendido en este mágico camino de la maternidad.

Con cariño… Alina Gamboa C.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Carrito de compra